Guarani-Kaiowá, pueblo amenazado (1/3)

Un genocidio

Alexis Demoment Traducido por Carla Ortuno Guendell
10 Septembre 2015



Con motivo de la “cumbre de las conciencias por el clima”, Valdelice Veron, líder del pueblo Guarani-Kaiowá, fue a París el pasado 21 de julio y dio testimonio, ante el Consejo Económico, Social y Medioambiental francés (CESE), de la angustia que sufre su pueblo, titulado “Por qué me importa”. Tras años de combate en la indiferencia general, podría tratarse del comienzo de una verdadera toma de conciencia por parte de la comunidad internacional sobre este tema. Sin embargo, queda mucho camino por recorrer y mucha gente por sensibilizar.


Valdenice Veron durante la cumbre de las conciencias. Captura de pantalla YouTube: www.youtube.com/watch?v=DbFoSdRAyBo
Valdenice Veron durante la cumbre de las conciencias. Captura de pantalla YouTube: www.youtube.com/watch?v=DbFoSdRAyBo
“Genocidio”. La palabra es fuerte. Es usada por los Guarani-Kaiowá y por sus defensores. De acuerdo a las cifras, el término parece ser apropiado: en esta última década, más de 300 han sido asesinados. 

La masacre

Credito: Carlos Latuff
Credito: Carlos Latuff
Veneno derramado en sus fuentes, incendios criminales, y sobre todo lo que ocurrió recientemente el pasado 22 de junio, cuando un niño perdió la vida y un pueblo entero fue destruido, uso de sicarios… Los métodos usados son diversos. ¿Por qué son sometidos a esto? Porque sus « tekoha », es decir el territorio donde viven, donde yacen sus ancestros, no es nada más ni nada menos que un territorio cultivable para los grandes granjeros brasileños. Son víctimas, así como el ecosistema, de la deforestación masiva de la agroindustria; se encuentran apiñados en los campamentos improvisados en la periferia o al borde de la calle. 

Foto exenta de regalías
Foto exenta de regalías
Además de las frecuentes matanzas, el día a día de los Guarani-Kaiowá es trágico. Viven en la pobreza y están muy afectados por la malnutrición. Alrededor del 80% de ellos depende de las cartillas de abastecimiento del Estado, a menudo distribuidas en pequeñas cantidades e infrecuentemente. Por lo tanto, la esperanza de vida es muy corta: 45 años para los adultos contra 73 años para los brasileños en general. En lo que concierne a los niños y las niñas, tienen una esperanza de vida 14 años más corta que la de los niños y las niñas iraquíes, nacidos en un país en guerra. El suicidio también es mucho más frecuente en esta comunidad comparado al resto del país. Se han incluso censado suicidios infantiles, un fenómeno poco conocido a nivel mundial. 

Explotados por la industria

Para sobrevivir, la mayoría trabaja en las plantaciones o las fábricas de agroindustria. Los patrones se aprovechan de su situación de pobreza y les hacen trabajar por salarios irrisorios en condiciones a veces similares a la esclavitud moderna. Entre las compañías puestas en entredicho por dichas prácticas, se encuentra la multinacional francesa Louis Dreyfus Commodities vía su cadena brasileña Bioenergia. En noviembre del 2009, el grupo fue condenado por la justicia por subcontratación de mano de obra ilegal e incumplimiento del derecho al trabajo.

La redacción intentó contactar a Bioenergia, para saber cómo la situación había evolucionado después de la condena, pero la compañía, hasta el día de hoy, no nos ha comunicado ninguna respuesta. Después de la toma de palabra de Valdelice Veron ante la CESE, la ONG Envol Vert le pidió a Louis Dreyfus Commodities, a través de su página web, que se pusiera en marcha lo antes posible una política de cero deforestación para todas las materias primas”.

Para sobrevivir, los Guarani-Kaiowá se defienden sobre todo por la vía jurídica, luchando contra el acaparamiento ilegal de las tierras. Además, intentan sensibilizar a la población sobre su situación, haciendo hincapié en el hecho que su revuelta siempre ha sido pacífica.

Notez