Siria: “Mi escuela fue bombardeada”

Alexis Demoment, Traducido por Lora Milanovic
7 Février 2016



Mientras numerosas figuras políticas debaten las diferentes perspectivas sobre el conflicto sirio, se concede muy poco la palabra a la propia población siria. Le Journal International salió al encuentro de una pareja de refugiados sirios, viviendo el conflicto en el interior desde hace más de cuatro años.


Crédito Jordi Bernabeu Farrús
Crédito Jordi Bernabeu Farrús

Aycha (el nombre fue cambiado) y su marido llegaron a Francia durante el verano de 2015. A pesar de sus dificultades para hablar de lo que vivieron, los dos aceptaron testimoniar, con la condición de mantenerse anónimos. 


“Había espías del gobierno por todas partes”

Aycha explica que antes de 2011, la vida en Siria era “normal”. “No podíamos hablar o actuar libremente, pero podíamos iríbamos al trabajo, a la universidad, a la escuela. Podíamos ir a cualquier lado, pero había restricciones”. En 2011, la primavera árabe llega al país y estalla la revolución. Los sirios salen a las calles y se manifiestan por su libertad. 

Las autoridades empiezan entonces a detener personas. “Siempre había que tener cuidado, había espías del gobierno por todas partes”, explica Aycha. Por lo tanto, la tensión crece en el país, y unas palabras ya bastan para acabar encarcelado o torturado. 


Las revindicaciones no paran y el ejército reprime a los contestatarios con armas de fuego. Según Aycha, los manifestantes siguieron protestando pacíficamente durante un año, y acabaron armándose también. “Era para defenderse. Pienso que es justo”, declara la joven, antes de añadir que detesta la violencia. “¿Qué haría usted si le hubieran detenido a su hermano simplemente porque pidió más libertad?”


El acceso a la educación

Un problema importante, y sin embargo poco mencionado, es el de la educación. Desde 2012, varias escuelas fueron destruidas o convertidas en bases militares. Tres años después, muchos niños sirios no saben ni leer ni escribir. Ya que la educación es vista como un lujo más que como una prioridad, la asociación Humanium se alarma de este riesgo de “generación perdida”. 


Crédito Freedom House
Crédito Freedom House

Aycha enseñaba el inglés en una escuela. Por lo tanto, el problema de la educación la afecta directamente. Tras un disparo de misil, la escuela en dónde trabajaba fue destruida. Ella cuenta: “Bombardearon (NDLR : las fuerzas armadas de Al-Ásad) la escuela porque sospechaban que hubiera oponentes escondidos se estaban escondiendoadentro. Pero no sabían nada. No sabían si se trataba de oponentes o de civiles. [] Había niños, profesores. Dos niños murieron. Les dije a los niños que salieran del salón porque los aviones militares seguían en el cielo. No me escuchaban. Estaban aterrorizados”. Intenta describir el caos que siguió la explosión, la “columna de humo”, la confusión: “ni siquiera podíamos saber dónde precisamente había explotado el misil”. Una situación  “imposible de describir por alguien que no la haya vivido en persona”. 


Asegura que “era así casi todos los días. No decidí irme de Siria porque viví un acontecimiento horrible, ni por culpa de los bombardeos. […] Mi escuela fue bombardeada. Yo quería un trabajo”.

 


“El pueblo sirio tiene hoy dos enemigos”

Cuando se le pregunta acerca de su opinión sobre el papel que el Occidente debería desempeñar en el conflicto, responde sin ninguna duda. “Antes que nada, hay que detener el gobierno de Al-Ásad. Sólo el gobierno, porque muchas personas se ven forzadas a incorporar a su ejército. Ellos no tienen la culpa”.


Abordamos a continuación las controversias relacionadas con la caída precipitada de Al-Ásad, entre otras cosas el riesgo de eliminar un oponente importante del Estado Islámico. “No soy política”, recuerda la profesora, quién se dice totalmente “desconcertada” por la situación. 


Crédito Freedom House
Crédito Freedom House

Más adelante, Aycha se niega a hablar del viaje hasta Europa. No se siente capaz de mencionar sus recuerdos traumatizantes, aún recientes. Hoy en día, ella y su marido viven en Francia a la espera de una respuesta a su solicitud de asilo. Mientras él busca empleo, ella intenta aprender el francés. Ambos coinciden en que desean la paz en Siria para poder volver a su hogar cuanto antes. 


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