Bélgica, la energía nuclear al rescate del invierno

Victor Béquignon, traducido por Brenda Orozco
25 Juillet 2015


Como sucedió en 2014, a Bélgica le podría faltar electricidad este invierno. Para cubrir esta necesidad, la explotación de los reactores nucleares Doel 1 y Doel 2 fue prolongada de 10 años. Estas prolongaciones cuestionan la transición energética de Bélgica, que se comprometió a dejar la energía nuclear en 2025.


Créditos: Olivier Peulen
Los reactores nucleares Doel 1 y Doel 2 deberían así poder funcionar hasta el 2025. En todo caso, ya se dio el primer paso ya que el 18 de junio, el Parlamento Federal belga votó a favor de la prolongación del periodo de vida de estos dos reactores. Con este proyecto de ley, Marie-Christine Mareghem, la ministra de Energía, espera asegurar el abastecimiento eléctrico belga durante el invierno del 2015. Se trata de evitar toda posibilidad de un “black-out”. Sin embargo, esta prolongación cuestiona la transición energética belga.

Doel 1 estaba detenido desde el 15 de febrero del 2015, Doel 2 supuestamente debería cerrar el diciembre que viene. Bélgica decidió salir progresivamente de la energía nuclear en 2003. Esta salida está programada para el 2025. Entre los siete reactores nucleares con los que cuenta Bélgica, Doel 1 y Doel 2 deberían ser los primeros en cerrar. Pero frente a la urgencia, el gobierno regente decidió finalmente tomar el camino de la prolongación.

Una prolongación condicionada

La prolongación está lejos de ser un hecho. Ciertamente, el voto del proyecto de ley no representa más que una etapa antes de la reanudación efectiva. Primero, el gobierno deberá ponerse de acuerdo con Electrabel, empresa dueña de los dos reactores. Electrabel pide principalmente una “visión muy clara de los marcos económicos y jurídicos que acompañarán esta prolongación”. La empresa cree que se debería establecer un programa de inversión de 700 millones de euros para permitir la reactivación de los dos reactores.

La última palabra la tendrá esencialmente la Agencia Federal de Control Nuclear (AFCN). En efecto, la AFCN debe juzgar si el Doel 1 y el Doel 2 garantizan la seguridad necesaria para ser reactivados. Dicha autoridad tomará el tiempo que crea necesario. La AFCN observa primero que nada “la seguridad del reactor según los peligros para la población y para el medio ambiente, la cuestión del suministro para el invierno no cuenta en ese respecto”.

Fuera de la esfera técnica, la prolongación del Doel 1 y del Doel 2 también volvió a lanzar el debate sobre el uso de la energía nuclear en el territorio belga. Organizaciones como Greenpeace esencialmente, dieron a entender que usarán todos los recursos posibles para que el Doel 1 y el Doel 2 no puedan ser reanudados. Para un investigador y militante como Michel Huart, esta decisión “evoca la constatación de un error en la decisión tomada en 2003, hace doce años”.

Michel Huart es profesor en la Universidad Libre de Bruselas, así como secretario general de la Apere, asociación que promueve el uso de energías renovables. Para M. Huart, esta decisión de dejar la energía nuclear no “se acompañó de las medidas que se imponían”, sobre todo hablando de otras alternativas a la nuclear. Bélgica sigue siendo dependiente de estas instalaciones nucleares en términos de electricidad.

Dependencia nuclear

Sin la prolongación del Doel 1 y del Doel 2, solo 3 de los 7 reactores belgas habrían funcionado para el invierno 2015. Desde marzo del 2014, los reactores Doel 3 y Tihange 2 también tuvieron que cesar toda actividad. La presencia de microfisuras en los contenedores de los reactores provocó la clausura de estas dos centrales para poner a prueba su seguridad. Aunque Electrabel haya anunciado que Doel 3 y Tihange 2 estarían fuera de servicio hasta noviembre del 2015, nada asegura su reactivación antes del invierno.

La AFCN es una vez más la única instancia que puede determinar si el Doel 3 y el Tihange 2 podrán ser puestos en marcha. El portavoz de la Agencia intervino sobre el tema: “por el momento no tenemos listo un reporte de justificación (de Electrabel), todavía no hay elementos suficientes para poder efectuar la reactivación”. Cabe anunciar que el cierre de estas dos centrales le costaría 40 millones de euros por mes a su explotador, Electrabel..

La probabilidad de que cuatro reactores de siete estuvieran fuera de servicio hubiera sido problemático para Bélgica, que en 2014 dependía en un 40% de la nuclear para la producción eléctrica. Las energías renovables representan aproximadamente el 12% de la producción eléctrica belga. El resto viene de la explotación de energías fósiles como el carbón o el gas natural. Sin embargo, estos recursos son insuficientes. Las importaciones de electricidad representaban igualmente un 22% del consumo eléctrico en Bélgica en el 2014.

Un fuerte invierno amenazaría estas exportaciones, incitando a países como Francia o los Países Bajos a disminuir las importaciones hacia Bélgica, dando prioridad a su propio mercado. Esta falta de electricidad es la que llevaría a Bélgica hacia un famoso “black-out” o apagón, situación en la que el consumo de electricidad sobrepasa las capacidades de producción. No obstante, Bélgica encontró una solución en 2005 para detener esta eventualidad a través de un “plan de corte energético”.

La idea sería privar de electricidad algunas regiones del país durante algunas horas. Las regiones en cuestión son aquellas con menor densidad de población. Durante los periodos de gran penuria, los cortes podrían ser de 18 a 20 horas. Para algunos especialistas como M. Huart, la buena gestión de la red eléctrica necesita “un equilibrio entre productores y consumidores, se debe actuar bien de los dos lados de la balanza, al nivel de la producción, pero también realizar un real dominio del consumo de energía”.

Existían alternativas

Para Michel Huart, un posible apagón parece “exagerado” y sirve principalmente “para hacernos tragar la píldora nuclear”. Según él, la prolongación de actividades en Doel 1 y Doel 2 es, ante todo, la preocupación de la actividad industrial. Las actividades industriales representan casi la mitad del consumo eléctrico bruto de Bélgica. Por consecuente, la prolongación de la energía nuclear respondería esencialmente a las necesidades de la industria.

Michel Huart aboga a favor de un “corte voluntario remunerado” de algunas actividades industriales. Esta solución “costaría menos cara que el hecho de mantener esta inestabilidad”, según él. Sería entonces conveniente, de acuerdo con M. Huart, que “Bélgica prepare a sus ciudadanos a reaccionar adecuadamente en caso de corte”.

Muchas voces también se levantaron a favor de una mejora de las interconexiones con los países vecinos de Bélgica, entre ellas la de Greenpeace. Una mejora de estas capacidades de interconexión mejoraría la cantidad de electricidad que Bélgica podría importar cuando llegue el próximo invierno. Sabiendo que Elia, la empresa que gestiona la red de transporte de electricidad, ya ha operado un refuerzo de las interconexiones durante el 2015.

La incertitud acerca de la solución nuclear del Doel 1 y del Doel 2 todavía permanece, recordando que las necesidades eléctricas finalmente sólo dependerán del invierno.