Dakar, la nueva ola

Thomas Delattre, traducido por Romane Parnet
8 Janvier 2015


En plena expansión, el surf en Dakar representa una esperanza para el turismo senegalés, golpeado por la crisis económica.


Crédits Thomas Delattre
El viento de las orillas del mar aparece como un respiro bienvenido en el calor de Dakar. Las sillas de plástico usadas rechinan bajo el peso de los padres que vinieron a apoyar a sus hijos. Otros, cámara en la mano, inmortalizan el momento zigzagueando entre los vendedores ambulantes, que aprovecharan la ocasión para vender gafas y objetos de arte africano.

De pie bajo la carpa del jurado, Oumar Seye da sus directivas a los competidores. Enfrente de él están los jóvenes esperanza del surf senegalés. Están esperando la ola. Los mejores de ellos quizás accederán al Rip Curl Africa Tour, un patrocinio de una gran marca en juego. Oumar Seye está encantado. Pecho desnudo, masivo, este antiguo surfista profesional, primer senegalés que firmó un contrato con Rip Curl, es hoy el vicepresidente de la federación. Director de un complejo náutico, dedicó su carrera al desarrollo del surf en las costas africanas. “Cuando empecé tuvimos dificultades para encontrar tablas. Es una periodista que me dio mi primera tabla”, anunció con una voz vibrante.

Presente en Senegal desde los años 1960, la disciplina fue durante mucho tiempo el privilegio de los profesionales extranjeros que venían a pasar el invierno al sol. Los pocos senegaleses que practicaban el surf eran principalmente personas de la comunidad de pescadores Lébous, implantados en el barrio de Ngor. La mayor parte de los locales no tienen los medios financieros necesarios para comprar un equipamiento costoso, y practican el trueque con los turistas que están de partida para obtener tablas, explica Oumar Seye. Es solamente desde los años 2000, con la implantación de las primeras escuelas de surf que la disciplina empieza a estructurarse. En el 2005, la creación de la Federación Senegalesa de Surf oficializa la disciplina, y permite iniciar el dialogo con el Ministerio de Deporte para obtener una financiación.

Desde 2009, Oumar organiza el West África Tour, una competencia que reúne los surfistas de África Occidental y de Europa. “Si hay una gira, habrá premios y los surfistas estarán presentes. Eso es el concepto del África Tour” nos confía. “Lo que yo quiero es que cada país de África Occidental pueda enviar a sus surfistas y creemos en nuestro proyecto”, añade, con una sonrisa. La gira, que celebra su séptima edición este año, representa una inmensa esperanza para el surf en Senegal, porque le permitiría atraer a turistas, patrocinadores y de hecho moneda.

“El turismo permite el desarrollo del surf aquí”

En Dakar, unos surf camps se desarrollaron en los últimos años, proponiendo a los turistas cursos intensivos de una o dos semanas. Algo que Oumar condena: “solo el dinero les interesa, yo intento hacer algo a largo plazo.” Si la llegada de extranjeros permite a los locales recuperar material, y de hecho equiparse con un gasto menor, el campeón defiende una visión “humana” del turismo, basada sobre los encuentros y los intercambios. “un surfista europeo que viene a Senegal comerá con los locales, surfeará con los locales y reirá con los locales” dice con entusiasmo.

Francés instalado desde los años 2000 en Dakar, Poncho, director de una escuela de surf y de un surf camp, constató la evolución en Dakar desde unos quince años “Se necesitaron diez años para que la gente empiece a crearme, a causa de la mala reputación del surf: el pelo largo y canutos” nos confesa. “hoy mi clientela se compone de un 70% de amigos, un 30% de familia, que vienen a Dakar solamente para surfear, y aumenta suavemente.” Pero el turismo de las olas en Senegal tiene que hacer frente a la competencia de Marruecos entre otros. “Trabajan con la masa, estancias todo incluido, y los billetes de aviones para Senegal son un 30% más caro.” Lamenta Poncho. “Venir surfear a Dakar, es costoso”.

“La urbanización en Dakar, es anarquía”

Real bestia negra de los defensores del medio ambiente de Dakar, la urbanización masiva de estos últimos años provocó numerosos problemas de contaminación. “desde hace 12 años sueno la alarma” lamenta Poncho, que constata la inactividad del gobierno: «Aquí las leyes relativas al medio ambiente son las mismas que en Francia, pero todo se permite.” El descargo de metales pesados en el océano por las industrias tiene importantes repercusiones sobre la fauna. El rape ya no puede ser exportado a causa de la tasa de mercurio demasiada importante en su organismo. La contaminación podría ser el principal enemigo del turismo en Dakar, que Poncho no vacila en calificar de ciudad abandonada. “al poder no le importa Dakar, quieren que los turistas vayan a estaciones balnearias, como la de Saly”

Solamente algunas iniciativas privadas se dedicaron a la limpieza de las playas de la capital senegalesa. Así, el Dakar Women’s Group organiza cada año el Ngor Beach Cleanup, gran operación de limpieza de las playas de Ngor. Pero estas acciones insoladas no podrán resolver los problemas de contaminación. Abdoulaye Bibi Baldé, nuevo ministro del medio ambiente desde 2013, debe, según un decreto del 22 de julio de 2014, garantizar que “las actividades potencialmente contaminantes no ponen en peligro el ámbito de vida de la población y de la calidad del medio ambiente.” Si Poncho está de acuerdo con el hecho de que “una real voluntad política puede cambiar las cosas”, queda muy dubitativo en lo que concierne la concretización de sus deseos piadosos. “Ya veremos…” añade encogiéndose los hombros.