“Un niño es un insurgente”: 25 años de los derechos del niño y de la niña

Alia Fakhry, traducido por Carla Ortuño Güendell
3 Décembre 2014


La Convención relativa a los Derechos del Niño y de la Niña celebra hoy sus 25 años. Es la ocasión para recordar el trabajo de Unicef, agencia de las Naciones Unidas, a cargo de la protección de la infancia en todo el mundo. Es también la ocasión para poner de relieve los derechos de los niños y de las niñas que son olvidados muy a menudo, como por ejemplo el derecho a expresarse.


Crédit Unicef
“Un niño es un insurgente” Simone de Beauvoir, Memorias de una joven formal, 1958.

Lo que algunos entienden como ingenuidad o una cándida inocencia, otros lo ven como una perfecta y terrible consciencia de nuestra realidad y de sus incoherencias. A través de sus palabras, Simone Beauvoir nos recuerda como los ojos de la infancia observan el mundo que les rodea: con intensidad, admiración, emoción o miedo, y a menudo cólera y desdén. Son todas esas emociones, esa mirada nueva, que a veces perdemos conforme pasa el tiempo, las que hacen que la palabra del niño y de la niña sea una palabra innovadora y necesaria. 

Derechos esenciales

Por una parte es necesario porque el derecho a la participación de los y las jóvenes es uno de los cinco pilares fundamentales de su desarrollo, de la misma manera que el derecho a la identidad, a la educación, a la protección y la salud. Desarrollar su opinión, confrontarla con la de otros, a veces contradictorias, deshacerse de sus más íntimas creencias, prepara al niño o a la niña a convertirse en un ciudadano adulto o ciudadana adulta responsable. 

Pero al mismo tiempo es necesario, puesto a que el hecho de favorecer la participación de los y las jóvenes en los debates de ideas garantiza un régimen democrático y un Estado de derecho. Favorecer la expresión de la palabra de los niños y las niñas es dar la oportunidad de abrir un proceso constructivo deliberante, plural e innovador. Como ciudadanos y ciudadanas, es tanto nuestro derecho como nuestro deber participar en los debates nacionales. Y lo es también para los niños y las niñas. 

El respeto del derecho de los niños y las niñas a expresarse, fuente inagotable de inspiración, no constituye por lo tanto una opción o un lujo. Consiste en animar a los y las jóvenes a expresar sus puntos de vista sobre los problemas que les conciernen, cercanos o lejanos. La palabra de los y las jóvenes, que solo tiene sentido si es auténtica y sincera, impoluta de cualquier tipo de manipulación, debe ante todo ser escuchada y tomada en consideración por sus interlocutores. Sea en la familia, la escuela, las asociaciones, los Consejos de Jóvenes, o incluso en la Asamblea general de las Naciones Unidas, cualquier lugar es propicio a la expresión de los niños y de las niñas, mientras que su palabra y su voluntad sean respetadas. 

Todavía queda mucho por hacer

Fruto de los 10 años de negociaciones entre los gobiernos, las organizaciones internacionales y los defensores de derechos, la CIDN – Convención Internacional sobre los Derechos del Niño -  toma en cuenta  la totalidad de los derechos y libertades propias a la infancia y constituye el mayor instrumento jurídico de la protección de la infancia en el mundo, donde según el artículo 45, Unicef es nombrado como el responsable. Sin embargo, a pesar de que 193 Estados hayan ratificado la CIDN desde su redacción en 1989, la palabra de los niños y de las niñas es todavía ignorada en muchos países. 

Creada en 1946 con el objetivo de ayudar a los niños afectados y las niñas afectadas por la Segunda Guerra mundial en Europa del este, Unicef – United Nations International Children Emergency Funds – primero fue considerada como una organización temporal. Pero el carácter específico de la protección contra la infancia y la dimensión infinita de esta labor consagraron a Unicef como una agencia permanente clave en el funcionamiento de la ONU. Ésta está a cargo de la protección y de la promoción de los derechos de los niños y de las niñas en el mundo, los cuales son llevados a cabo gracias a la coordinación de las acciones de diferentes organizaciones sobre el terreno, la búsqueda de socios capitalistas, la cooperación con los gobiernos y la sensibilización del público a través de acciones de incidencia. 

A pesar de que Unicef, las ONG y otras organizaciones que trabajan por la protección de la infancia en el mundo han logrado en 25 años reducir a la mitad la mortalidad infantil, escolarizar el doble de niños y niñas y reducir el número de niños y niñas que son afectados por la trata de un tercero, todavía quedan 218 millones de niños y niñas por ayudar. Si nos alarmamos por la situación de los niños y de las niñas en los países llamados “del Sur”, como en el Medio Oriente donde el número de niños sirios refugiados y niñas sirias refugiadas ha alcanzado el millón, existen 30 000 niños y niñas que viven en la calle y aislados en Francia. En cuanto al derecho a expresarse, resulta mas difícil cuantificarlo y hacerlo respetar.

En ocasión de esta fecha de aniversario, Unicef Francia ha concedido la palabra a 18 niños y niñas de todo el mundo para que puedan contar sus sueños y sus deseos. 18, como la edad a partir de la cual ellos y ellas ya no son considerados y consideradas como niños y niñas, como seres aparte, con derechos y deberes particulares y con una protección que debería ser también particular. 

“Pero estos niños y niñas están bien, han gritado, los habéis escuchado, están incluso muy bien. Hay que hacerse cargo rápidamente de aquellos y aquellas que ya no hablan, de aquellos y aquellas que ya no gritan” Françoise Dolto, citada por Andrée Ruffo, Los niños y las niñas de la sombra.