Ser una mujer en Nepal, un combate cotidiano

Amélia Viguier, traducido por Romane Parnet
20 Juillet 2015



Los recientes eventos en Nepal pusieron en relieve la pobreza del Estado y de su población. Lejos del imaginario colectivo occidental de paraíso de los senderistas y de los hippies, Nepal revela sus brechas. Aunque se conozca la dureza de la vida, pocas personas se interesan por las condiciones de las mujeres, siempre sin derechos ni consideración. Análisis de sus condiciones de vida.


Créditos DR
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La sociedad nepalesa contemporánea está anclada en sus concepciones patriarcales de la relación hombre-mujer. La desigualdad en la atribución del poder entre los sexos marca la sociedad que pone a la mujer bajo una dominación masculina, pasando la autoridad del padre al esposo. En el seno mismo de estas esferas familiares, maritales y sociales, la tradición se convirtió en una norma que determina el papel y la posición de la mujer. Si sus deberes son predefinidos por la jerarquía social, la subdivisión de la sociedad en casta y por la importancia de las tradiciones, sus derechos se quedan limitados por la autoridad masculina.

Sociedad patriarcal y misógina

El ejemplo más notable es la atribución de la ciudadanía. En la joven República de Nepal, la mujer se vuelve ciudadana solamente si su padre o si su esposo le da su autorización. Entonces nada permite su autonomización, porque sola, no tiene ningún reconocimiento. Esta falta de consideración aparece como un rechazo de la mujer como tal. La condición femenina en sí misma la convierte en persona impura para la vida en comunidad durante su menstruación o después de un parto, lo que la obliga a una exclusión momentánea de la residencia familiar.

También se observa que la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en 2010 condujo a un aborto selectivo de las chicas. Esta común misoginia se manifiesta aún más debido a la importante violencia de la cual las nepalesas son víctimas. Según la periodista Marie Dorigny, un 99% de los hombres hoy consideran que las mujeres deben obedecerles, y un 66% de las chicas y mujeres se declaran víctimas de violencia física, verbal, de agresión o de acoso sexual.

Con un 25,2% de su población viviendo bajo la línea de pobreza y un índice de desarrollo humano (IDH) de 157 en 187 países, Nepal aparece entre los países más pobres del mundo. De hecho, el Estado depende de la ayuda internacional para subvenir a las necesidades de su población. Tiene dificultades para instaurar un clima político-económico sostenible porque la debilidad de la economía nepalesa se complementa con una carencia en materia de estabilidad política. Debilitado por una guerra civil de 10 años, el Estado nepalés ya no está en una fase de normalización política. En toda lógica, precariedad y desempleo crearon una degradación de las condiciones de vida de los habitantes.

Precariedad, dependencia y obediencia

La notable inclinación a la violencia no se debe solamente a los abusos por parte de individuos de sexo masculino, ya que la creencia en la brujería amplifica el fenómeno y condena a muerte por fuego o por golpes a cada mujer sospechada de magia. Entonces la tradición patriarcal se convirtió en un pretexto para el uso banalizado de la violencia contra las mujeres. Justifica todo tipo de exceso. La situación es tal que, desde 2010, la primera causa de mortalidad de las mujeres es el suicidio. Una “solución extrema” que tristemente se parece a una huida, como para romper el aislamiento impuesto por la ley del patriarcado. Después que se está casada, a menudo por fuerza, una mujer sola no puede volver a la casa de sus padres. Entonces debe obedecer a su esposo y estar a su lado, aunque solo sea por razones financieras.

Primeras víctimas del paro y de la pobreza

Para romper el círculo vicioso de la pobreza y del hambre, numerosos hombres deciden migrar hacia India. Estas salidas acentúan la solitud de las mujeres en un mundo de hombres, y deja a su dirección nutrir a toda la familia. Sin medios financieros y poca educación, las mujeres no pueden subvenir solas a sus necesidades. De esta forma, la autonomía de las mujeres es una prioridad de las ONG presentes en el terreno. Es permitiendo la alfabetización de las mujeres, el acceso a una atención médica y a los refugios que las mujeres ganarán seguridad y autonomía. Detrás esta cuestión se encuentra la clave de un desarrollo sostenible basado en el papel de las mujeres en la sociedad, la educación y la generalización de la atención médica.

De hecho, el Estado instauró un servicio de policía reservado a la violencia contra las mujeres. Sin embargo, pocas de ellas se atreven a presentar una queja porque temen ser repudiadas. La importancia de la tradición impide a las mujeres acceder a la educación y defender los derechos humanos. Respecto a eso, el Plan de acción nacional de la Unesco para Nepal prevé como objetivo nacional la cuestión de igualdad de género en el acceso a la educación. Los recientes eventos en Nepal parecen ralentizar todos los progresos.

Aumento de los riesgos con el terremoto

En la actualidad, Nepal cuenta con más de 8000 víctimas después del sismo de magnitud 7,9 del pasado 25 de abril. Hoy, las prioridades se articulan alrededor de la reconstrucción del país y de la garantía de una seguridad sanitaria mínima. Así, las ONG en el terreno se encargan de poner a las mujeres en seguridad. Si en tiempo normal, el trabajo de las ONG se dedica a la lucha contra las discriminaciones de género, hoy su energía se dedica a la disminución de los riesgos causados por el sismo.

Las redes de tráficos de órganos y de prostitución se desarrollaron después del terremoto. La catástrofe acentúa así la precariedad, la inseguridad, el aislamiento de las mujeres y de las niñas, quienes aparecen como blancos fáciles sin techo, sin rentas, ni futuro. Según Stephanie Selle, directora de la ONG francesa Planète Enfants, entre 10 000 y 15 000 mujeres son vendidas o secuestradas para alimentar el tráfico. Una situación de inseguridad preocupa a las autoridades. Consciente de los riesgos, el Estado se compromete a proteger las poblaciones vulnerables. Agentes de seguridad y policía se desplegaron a las fronteras para evitar los tráficos y los secuestros.

Esta ayuda es bienvenida por la sociedad civil, que también trabaja para mejorar las condiciones de vida de las mujeres aportando cuidados médicos, asistencia y productos alimenticios. Pero las ONG se esfuerzan para alcanzar las regiones montañosas y las cercanas al epicentro del sismo, zonas pobladas en su mayoría por mujeres y niños. La población queda así alejada de cualquier ayuda exterior.

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